viernes, 24 de octubre de 2014
El robot más humanizado
La teoría del valle inquietante o inexplicable es un principio de la robótica sobre las respuestas emocionales de los humanos hacia los robots y otras entidades no humanas. Fue descrito por el robotista japonés Masahiro Mori en 1970. Este principio dice que la respuesta emocional de un humano hacia un robot hecho en apariencia y comportamiento muy similar al humano, incrementará positivamente y de forma empática, hasta alcanzar un punto en el que la respuesta emocional se vuelve de repente fuertemente repulsiva. Cuando la apariencia y comportamiento del robot se vuelven indistinguibles al ser humano, la respuesta emocional vuelve a crecer de forma positiva y se va aproximando a niveles de empatía como los de entre humanos.
Podemos apreciar la respuesta emocional de un sujeto humano ante el antropoformismo de un robot, según los resultados de Mori. El Valle Inexplicable es la región de respuesta emocional negativa para un robot que parece “casi humano”. El movimiento amplifica esta respuesta emocional.
Este bache o valle de respuesta repulsiva entre un robot con apariencia y comportamientos “casi humanos” y una entidad “totalmente humana” es lo que llamamos valle inquietante. El nombre surge de la idea de que un robot que es “casi humano” es visto de forma general por un ser humano como “extraño” y por esto resulta imposible alcanzar el requisito de una respuesta empática para la necesidad de una interacción humano-robot productiva.
El fenómeno puede ser explicado por la percepción de que si una entidad es suficientemente no parecida al humano, sus características humanas se verán más resaltadas, generando empatía. Por otro lado, si la entidad es “casi humana”, sus características no humanas serán las que más se noten, creando un sentimiento de “cosa extraña” desde el punto de vista del humano.
Otra explicación es que los individuos enfermos y los cadáveres muestran unas anomalías visuales parecidas a las de un robot humanoide, por lo que causan la misma alarma y rechazo. El caso del robot es más preocupante ya que no existe una razón clara de por qué ocurre esto, mientras que la reacción de rechazo al observar un cadáver es un sentimiento fácil de comprender. Las anomalías de comportamiento y desincronización motriz son también indicativos de enfermedad, y desórdenes mentales o neurológicos y de nuevo evocan sentimientos negativos acertados.
Algunos robotistas han criticado duramente esta teoría, argumentando que Mori no tiene ninguna base para desarrollar su gráfica, ya que ahora mismo sólo son técnicamente posibles los robots parecidos (aunque de forma parcial) a los humanos. Sara Kiesler, una investigadora de interacción humano-robot en la Universidad Carnegie Mellon, cuestiona el estatus científico de El Valle Inexplicable, diciendo que “tenemos la evidencia de que es cierto, y la evidencia de que no lo es.”
Desde un punto de vista evolutivo se podría explicar esta repulsión como la necesidad de mantener una limitación tajante frente a otros homínidos muy similares a nosotros (por ejemplo, neanderthales) con los cuales la reproducción fértil sería poco viable. De esta manera el Valle Inquietante operaría de forma similar a ciertos tabúes como el incesto.
[editar] Revisión de la teoría por el propio Mori
Entrevista sobre como será la relación humanos-robots
El experto en inteligencia artificial David Levy, cree que estas relaciones serán posibles gracias a la tendencia a construir robots cada vez más humanizados. Ellos, dice, lograrán satisfacer nuestras necesidades sexuales y afectivas. Serán el remedio de solitarios, feos, violadores, pederastas e inconformistas del sexo. A priori parece fácil rebatirle, pero Levy aporta estudios y cifras. Levy, promotor desde hace años de este tipo de relaciones futurísticas, nos muestra el porque de sus afirmaciones en una entrevista que no tiene desperdicios. ¿Cree usted que estas relaciones serán posibles?. Juzgue usted mismo.
P.- Usted dice que en unos años tendremos sexo con robots y nos casaremos con ellos. ¿En qué se basa?
R.- No es una opinión superficial sino el producto de años de investigación y del cotejo de fuentes muy variadas. Se lo explicaré brevemente. La inteligencia artificial progresa cada vez más rápido. Mucho más rápido que hace 20 años. Y progresará todavía más rápido en el futuro. En apenas 30 o 40 años los ordenadores serán mucho más poderosos y los científicos podrán crear robots muy similares a las personas. Programas con emociones artificiales que se asemejen a las de los seres humanos. No hay nada que nosotros podamos hacer que un robot no pueda hacer dentro de 30 años.
P.- Explíquese.
R.- Hoy ni siquiera los ordenadores más poderosos son tan poderosos como el cerebro humano. Según diversos expertos, en unos 12 años los científicos podrán crear un ordenador con el mismo poder que el cerebro humano. Y tardarán unos 10 años más en crear uno cuya capacidad sea 10.000 veces mayor. Esa es la esencia de mi tesis. A partir de 2040, todo lo que hace de alguien una persona atractiva se podrá reproducir artificialmente, y esto abre la puerta a un futuro incierto.
P.- ¿Un futuro que conduce inexorablemente al sexo con robots?
R.- Yo no diría inexorablemente, pero no tengo duda de que habrá robots que se parezcan más y más a los seres humanos. Fíjese usted en esta mujer [abre un libro de robótica y aparece una hermosa presentadora]. Lo que usted ve es un robot japonés. Es una réplica exacta de una periodista de la televisión nipona. Sus creadores reconocen que la perfección de la réplica es relativa y cifran en 10 segundos el tiempo que una persona tarda en darse cuenta de que no es una persona sino un robot. Pues bien, los mismos expertos dicen que dentro de unos años ese tiempo de reacción habrá crecido hasta los 10 minutos. Y poco a poco, cada vez más hasta que las diferencias sean imperceptibles.
P.- Vayamos por
partes. Una cosa es que se pueda crear un robot idéntico a un ser humano
y otra que ese robot tenga unas emociones, una ideología y una visión
del mundo.
R.- Ocurrirá. Cuando uno habla de estos asuntos, mucha gente esgrime que los robots no pueden tener emociones. Yo estoy seguro de que las podrán tener. O al menos se comportarán como si las tuvieran. Los robots llorarán, se enfadarán, se pondrán contentos, se emocionarán… según estén o no programados para ello. No serán libres para tener esas emociones pero los efectos serán los mismos. Apenas crucen esa línea, la gente dejará de verlos como robots y la cuestión entonces será como tratarlos.
P.- Está bien. Entiendo su razonamiento, pero usted no se frena aquí. Asegura que llegará un día en que los robots formen parte de nuestra vida sexual e incluso de nuestra vida en pareja y de nuestra familia. ¿De verdad cree que los seres humanos preferirán un robot a un cónyuge humano?
R.- Veamos, lo primero que hay que apuntar es que las actitudes de la gente sobre el amor y el sexo han cambiado mucho en los últimos años. Dentro de unas décadas, los robots podrán ser más inteligentes, más hermosos, más nobles que los seres humanos. ¿De verdad cree usted que no acabaremos enamorándonos de ellos? No tengo duda de que acabará habiendo matrimonios con robots. Y me permito apuntar que se legalizarán primero en el Estado de Massachusetts.
P.- ¿En Massachusetts? ¿Por qué?
R.- Es lógico. Son un Estado avanzado en lo moral y en lo tecnológico.
P.- ¿Está diciendo que llegará un día en que los robots sientan emociones reales?
R.- No exactamente. Los robots no tendrán emociones pero actuarán como si las tuvieran. Lo realmente importante no son las emociones en sí sino sus consecuencias. No la causa del llanto sino el llanto en sí. Si un robot se comporta como si le amara, será tan convincente que a usted no le importará.
P.- ¿En serio se cree lo que está diciendo?
R.- Por supuesto. No pasará de un día para otro, pero la gente se acostumbrará, como se ha acostumbrado a otros avances tecnológicos. Los niños se han educado con internet, rodeados de pantallas y cachivaches. Cuando tengan robots que se comporten como personas, esa generación los acabará aceptando.
R.- Ocurrirá. Cuando uno habla de estos asuntos, mucha gente esgrime que los robots no pueden tener emociones. Yo estoy seguro de que las podrán tener. O al menos se comportarán como si las tuvieran. Los robots llorarán, se enfadarán, se pondrán contentos, se emocionarán… según estén o no programados para ello. No serán libres para tener esas emociones pero los efectos serán los mismos. Apenas crucen esa línea, la gente dejará de verlos como robots y la cuestión entonces será como tratarlos.
P.- Está bien. Entiendo su razonamiento, pero usted no se frena aquí. Asegura que llegará un día en que los robots formen parte de nuestra vida sexual e incluso de nuestra vida en pareja y de nuestra familia. ¿De verdad cree que los seres humanos preferirán un robot a un cónyuge humano?
R.- Veamos, lo primero que hay que apuntar es que las actitudes de la gente sobre el amor y el sexo han cambiado mucho en los últimos años. Dentro de unas décadas, los robots podrán ser más inteligentes, más hermosos, más nobles que los seres humanos. ¿De verdad cree usted que no acabaremos enamorándonos de ellos? No tengo duda de que acabará habiendo matrimonios con robots. Y me permito apuntar que se legalizarán primero en el Estado de Massachusetts.
P.- ¿En Massachusetts? ¿Por qué?
R.- Es lógico. Son un Estado avanzado en lo moral y en lo tecnológico.
P.- ¿Está diciendo que llegará un día en que los robots sientan emociones reales?
R.- No exactamente. Los robots no tendrán emociones pero actuarán como si las tuvieran. Lo realmente importante no son las emociones en sí sino sus consecuencias. No la causa del llanto sino el llanto en sí. Si un robot se comporta como si le amara, será tan convincente que a usted no le importará.
P.- ¿En serio se cree lo que está diciendo?
R.- Por supuesto. No pasará de un día para otro, pero la gente se acostumbrará, como se ha acostumbrado a otros avances tecnológicos. Los niños se han educado con internet, rodeados de pantallas y cachivaches. Cuando tengan robots que se comporten como personas, esa generación los acabará aceptando.
P.- En el fondo sabrán que no son reales…
R.- Habrá algo en la mente al principio que te dirá «es sólo un robot», pero estoy seguro de que ese algo desaparecerá. Los veremos como personas de otro país. Como inmigrantes. Habrá al principio un cierto rechazo pero no los percibiremos como diferentes.
P.- Pero esa diferencia persistirá. Y es una diferencia cualitativa. Los robots serán siempre entes distintos de las personas.
R.- No estoy tan seguro. Un pequeño porcentaje de la gente quizá piense como dice usted, pero la mayoría los aceptará como semejantes. Quizá los únicos insumisos sean paradójicamente los que más saben de tecnología. Esos quizá sean los últimos resabiados y digan: «Yo sé cómo funciona».
P.- ¿Y cómo será un robot en 30 años?
R.- Pues como un ser humano. Terriblemente convincente en cada aspecto, en cada detalle.
P.- Eso quiere decir que un robot podrá ser perfecto en cada detalle. Más listo, más bello o más tierno que un ser humano.
R.- Desde luego.
P.- Esto puede crear algunos problemas…
R.- Sí. Y problemas muy serios. Para un hombre, por ejemplo, será terrible saber que su esposa ha disfrutado de un sexo fantástico con un robot. Sentirá una cierta ansiedad por no estar a la altura.
P.- Por otra parte, si el futuro es como usted lo define, será una esperanza para muchas personas que hoy por hoy no pueden encontrar pareja.
R.- En mi opinión, esto es lo mejor de todo, sí. Aquellos que no tienen nadie a quien amar y nadie que les ame. Gente solitaria y miserable. Personas que no encuentran a nadie porque son tímidos, gordos, odiosos. Su vida puede cambiar de la mano de los robots.
P.- ¿Y no cree que se los señalará como gente de segunda división?
R.- ¿En qué sentido?
P.- La gente puede decir: «Mira fulano, se ha agenciado un robot porque no ha podido encontrar alguien de carne y hueso».
R.- No lo creo. Habrá más diferencia entre distintos grupos humanos que entre los hombres y los robots. Imagínese una cena en la que la mitad de los comensales son de Boston y la mitad de Luisiana, la mitad robots y la mitad seres humanos. ¿Quiénes tendrán más en común? ¿Los seres humanos de Boston con los de Luisiana o los robots y los seres humanos de Boston? Para mí la respuesta es evidente.
En un futuro crearemos robots capaces de percibir nuestro estado de humor y comportarse de acuerdo con él.
P.- Se me ocurre un problema de tamaño. ¿Es posible hoy por hoy construir circuitos lo suficientemente pequeños y poderosos como para ajustarse al tamaño de un ser humano?
R.- Es un problema de ingeniería que se resolverá muy pronto. Al principio será muy caro. Los primeros humanoides tendrán precios prohibitivos, pero luego serán más baratos.
P.- ¿Cuándo calcula que estarán al alcance de todos los bolsillos?
R.- No lo sé. Sí tengo una idea aproximada de cuando serán completamente verosímiles. Dentro de 40 años. Pero entretanto habrá fenómenos interesantes. Por ejemplo, el de las muñecas hinchables. Hoy son guiñapos de silicona que no hacen nada. En un futuro muy próximo esas muñecas darán poco a poco pasos hacia la robótica.
P.- ¿De qué manera?
R.- Se les añadirán circuitos electrónicos. Partes que vibren, una voz sexy, un mecanismo que haga los ruidos correctos. Cosas que harán de ellas un producto mucho más atractivo. Serán un artículo de lujo pero no tanto como un coche de lujo. Hay Ferraris que cuestan más.
P.- Pero seamos serios: ¿de verdad cree que un millonario va a pagar una cifra astronómica por una muñeca hinchable cuando puede pagarse una prostituta de lujo?
R.- Estoy seguro. Yo veo dos razones: curiosidad y prestigio.
P.- Dejemos las muñecas hinchables y volvamos a los robots. Usted dice que serán mejores que las personas. ¿Cree que su irrupción terminará con el amor entre seres humanos?
R.- No. Mi olfato me dice que siempre habrá personas que prefieran a las personas. Los robots serán muy buenos en la cama y en otras cosas, pero habrá una porción de la población que no tragará.
P.- Si los robots se podrán casar, ¿quiere eso decir que tendrán derechos?
R.- Es una cuestión muy compleja y suscitará en el futuro una discusión apasionante. La ética de la robótica está todavía en pañales pero en un futuro se debatirá. La primera pregunta que debe responder es ésta: ¿es ético construir robots para un propósito espurio?
R.- Es un problema de ingeniería que se resolverá muy pronto. Al principio será muy caro. Los primeros humanoides tendrán precios prohibitivos, pero luego serán más baratos.
P.- ¿Cuándo calcula que estarán al alcance de todos los bolsillos?
R.- No lo sé. Sí tengo una idea aproximada de cuando serán completamente verosímiles. Dentro de 40 años. Pero entretanto habrá fenómenos interesantes. Por ejemplo, el de las muñecas hinchables. Hoy son guiñapos de silicona que no hacen nada. En un futuro muy próximo esas muñecas darán poco a poco pasos hacia la robótica.
P.- ¿De qué manera?
R.- Se les añadirán circuitos electrónicos. Partes que vibren, una voz sexy, un mecanismo que haga los ruidos correctos. Cosas que harán de ellas un producto mucho más atractivo. Serán un artículo de lujo pero no tanto como un coche de lujo. Hay Ferraris que cuestan más.
P.- Pero seamos serios: ¿de verdad cree que un millonario va a pagar una cifra astronómica por una muñeca hinchable cuando puede pagarse una prostituta de lujo?
R.- Estoy seguro. Yo veo dos razones: curiosidad y prestigio.
P.- Dejemos las muñecas hinchables y volvamos a los robots. Usted dice que serán mejores que las personas. ¿Cree que su irrupción terminará con el amor entre seres humanos?
R.- No. Mi olfato me dice que siempre habrá personas que prefieran a las personas. Los robots serán muy buenos en la cama y en otras cosas, pero habrá una porción de la población que no tragará.
P.- Si los robots se podrán casar, ¿quiere eso decir que tendrán derechos?
R.- Es una cuestión muy compleja y suscitará en el futuro una discusión apasionante. La ética de la robótica está todavía en pañales pero en un futuro se debatirá. La primera pregunta que debe responder es ésta: ¿es ético construir robots para un propósito espurio?
P.- ¿Robots programados para la guerra?
R.- Por ejemplo para la guerra, sí. Es el mismo dilema de los científicos que crean bombas y aviones de combate. De todas formas, la siguiente pregunta ética que suscita el desarrollo de la robótica es más interesante: ¿cómo tratar a los robots? ¿Qué derechos tienen? Yo acabo de publicar un trabajo científico sobre la consciencia de los robots, que en mi opinión es el punto clave.
P.- ¿Qué quiere decir?
R.- Quiero decir que hay mucha gente que ve en la consciencia la línea divisoria y por eso deja a los robots fuera de los márgenes de la ética. Lo que no sabe esta gente es que los científicos ya están investigando cómo crear robots que sean conscientes de sí mismos.
P.- ¿En qué sentido?
R.- Hay muchos científicos que ya dicen que los robots tendrán consciencia artificial. Esto no quiere decir que tengan capacidad de elegir ni libre albedrío pero tendrán sentimientos o al menos mostrarán de un modo verosímil sentimientos humanos como el miedo, el amor, la angustia… Y entonces, cuando crucen esa línea, la gente empezará a preguntarse cómo tratarlos.
P.- Usted dice que las personas se enamorarán de ellos. ¿Podrán ellos enamorarse de las personas?
R.- Sólo si están programados para ello. Mi impresión es que serán programados para enamorarse de sus dueños sólo si sus dueños lo quieren así. Cuando compres un robot, podrás elegir si quieres un robot que te haga compañía o uno que te dé sexo o uno con el que puedas tener una relación amorosa.
P.- Pero no serán organismos libres.
R.- No. Como mucho podrían estar programados para funcionar al azar. Esa sería su máxima libertad. Pero eso no es ser libre y ésa es desde luego una diferencia, probablemente la única que no desaparecerá. La gente podrá seguir diciendo: un robot actúa de esta o de otra manera porque está programado. Pero no creo que a la mayoría de la gente eso le importe mucho.
P.- ¿Y no se cansará la gente de tener a la vera robots que sean perfectos?
R.- No. Y si prefiere robots imperfectos también podrá encargarlos. Si quiere usted un robot que discuta con usted una vez a la semana, lo podrá programar. Todo será programable. Hay dos tipos del University College de London que han detectado las reacciones químicas cerebrales que se producen cuando nos enamoramos. Ningún otro fenómeno crea la misma reacción. Pues bien, yo estoy seguro de que en el futuro los robots detectarán esa reacción y sabrán producirla.
R.- Por ejemplo para la guerra, sí. Es el mismo dilema de los científicos que crean bombas y aviones de combate. De todas formas, la siguiente pregunta ética que suscita el desarrollo de la robótica es más interesante: ¿cómo tratar a los robots? ¿Qué derechos tienen? Yo acabo de publicar un trabajo científico sobre la consciencia de los robots, que en mi opinión es el punto clave.
P.- ¿Qué quiere decir?
R.- Quiero decir que hay mucha gente que ve en la consciencia la línea divisoria y por eso deja a los robots fuera de los márgenes de la ética. Lo que no sabe esta gente es que los científicos ya están investigando cómo crear robots que sean conscientes de sí mismos.
P.- ¿En qué sentido?
R.- Hay muchos científicos que ya dicen que los robots tendrán consciencia artificial. Esto no quiere decir que tengan capacidad de elegir ni libre albedrío pero tendrán sentimientos o al menos mostrarán de un modo verosímil sentimientos humanos como el miedo, el amor, la angustia… Y entonces, cuando crucen esa línea, la gente empezará a preguntarse cómo tratarlos.
P.- Usted dice que las personas se enamorarán de ellos. ¿Podrán ellos enamorarse de las personas?
R.- Sólo si están programados para ello. Mi impresión es que serán programados para enamorarse de sus dueños sólo si sus dueños lo quieren así. Cuando compres un robot, podrás elegir si quieres un robot que te haga compañía o uno que te dé sexo o uno con el que puedas tener una relación amorosa.
P.- Pero no serán organismos libres.
R.- No. Como mucho podrían estar programados para funcionar al azar. Esa sería su máxima libertad. Pero eso no es ser libre y ésa es desde luego una diferencia, probablemente la única que no desaparecerá. La gente podrá seguir diciendo: un robot actúa de esta o de otra manera porque está programado. Pero no creo que a la mayoría de la gente eso le importe mucho.
P.- ¿Y no se cansará la gente de tener a la vera robots que sean perfectos?
R.- No. Y si prefiere robots imperfectos también podrá encargarlos. Si quiere usted un robot que discuta con usted una vez a la semana, lo podrá programar. Todo será programable. Hay dos tipos del University College de London que han detectado las reacciones químicas cerebrales que se producen cuando nos enamoramos. Ningún otro fenómeno crea la misma reacción. Pues bien, yo estoy seguro de que en el futuro los robots detectarán esa reacción y sabrán producirla.
P.- Usted apunta en su libro que los robots podrían ser una solución para los pederastas.
R.- Es cierto. Podríamos diseñar robots con forma de niños para que se desfogaran.
P.- También para los violadores…
R.- También. Podríamos fabricar robots a los que le guste que les violen.
P.- Oiga. Y si vamos a tener robots más inteligentes y habilidosos que nosotros, ¿a qué se van a dedicar entonces los seres humanos?
R.- La sociedad cambiará. Encontraremos otras cosas que hacer. Tendremos más tiempo de ocio.
P.- Pero habrá gente que quiera trabajar. Y si mi director puede encontrar un robot que sea mejor periodista que yo, ¿para qué me va a tener en plantilla?
R.- El mercado de trabajo cambiará. De todas formas, siempre podrá usted dedicarse a otras cosas.
P.- ¿Cómo se metió en esto de la robótica?
R.- Muy tarde. De niño mi obsesión era el ajedrez. Fui campeón de Escocia en dos ocasiones y soy maestro internacional. Luego fui a la universidad y me metí a fondo en problemas de programación de las máquinas de ajedrez. Es un campo que en cierto modo tiene relación con la inteligencia artificial.
R.- Es cierto. Podríamos diseñar robots con forma de niños para que se desfogaran.
P.- También para los violadores…
R.- También. Podríamos fabricar robots a los que le guste que les violen.
P.- Oiga. Y si vamos a tener robots más inteligentes y habilidosos que nosotros, ¿a qué se van a dedicar entonces los seres humanos?
R.- La sociedad cambiará. Encontraremos otras cosas que hacer. Tendremos más tiempo de ocio.
P.- Pero habrá gente que quiera trabajar. Y si mi director puede encontrar un robot que sea mejor periodista que yo, ¿para qué me va a tener en plantilla?
R.- El mercado de trabajo cambiará. De todas formas, siempre podrá usted dedicarse a otras cosas.
P.- ¿Cómo se metió en esto de la robótica?
R.- Muy tarde. De niño mi obsesión era el ajedrez. Fui campeón de Escocia en dos ocasiones y soy maestro internacional. Luego fui a la universidad y me metí a fondo en problemas de programación de las máquinas de ajedrez. Es un campo que en cierto modo tiene relación con la inteligencia artificial.
P.- ¿Cómo se interesó por el sexo de los robots?
R.- Fue leyendo un libro de una profesora americana, The Second Self de Sherry Turkle. Ella fue la primera persona en escribir sobre el efecto de las relaciones entre robots y seres humanos. Había una entrevista en el libro que me llamó la atención. Un tipo que trabajaba en el MIT decía: «He tenido alguna que otra novia pero prefiero la relación que tengo con mi ordenador». ¡Decía eso! Al principio no podía creerlo. Luego pensé que debía de haber por ahí más personas así. Ahora pienso que es una posición lógica. Con los seres humanos uno no puede estar del todo seguro. Con las máquinas sí. En el fondo habrá gente que ame a los robots para evitarse la incertidumbre.
P.- Usted pinta un futuro que plantea una cascada de problemas éticos.
R.- Desde luego. Y tienen que discutirlos los expertos en Etica y Derecho. Lo más peliagudo es decidir qué derechos tendrán los robots. ¿Deben tener por ejemplo derecho a voto?
P.- ¿Usted qué cree?
R.- Pues no lo sé. Lo que sí sé es que un robot tendrá muchos más elementos de juicio que la mayoría de los seres humanos.
P.- O sea, que no sólo deberían votar sino poder ser elegidos…
R.- Desde luego. Seguro que lo hacían mejor que Gordon Brown en el Reino Unido.
P.- ¿Cree usted que podrían ser padres?
R.- Eso es algo que no tengo tan claro. Nunca había pensado en ello. Quizá sí. Hay tantos malos padres por ahí sueltos…
P.- ¿Podrán los robots ser programados para crear robots que sean como ellos mismos?
R.- Es un tema que he estudiado durante años. Ya hay ejemplos de robots que no sólo pueden hacer eso sino además crear réplicas mejoradas de sí mismos.
R.- Fue leyendo un libro de una profesora americana, The Second Self de Sherry Turkle. Ella fue la primera persona en escribir sobre el efecto de las relaciones entre robots y seres humanos. Había una entrevista en el libro que me llamó la atención. Un tipo que trabajaba en el MIT decía: «He tenido alguna que otra novia pero prefiero la relación que tengo con mi ordenador». ¡Decía eso! Al principio no podía creerlo. Luego pensé que debía de haber por ahí más personas así. Ahora pienso que es una posición lógica. Con los seres humanos uno no puede estar del todo seguro. Con las máquinas sí. En el fondo habrá gente que ame a los robots para evitarse la incertidumbre.
P.- Usted pinta un futuro que plantea una cascada de problemas éticos.
R.- Desde luego. Y tienen que discutirlos los expertos en Etica y Derecho. Lo más peliagudo es decidir qué derechos tendrán los robots. ¿Deben tener por ejemplo derecho a voto?
P.- ¿Usted qué cree?
R.- Pues no lo sé. Lo que sí sé es que un robot tendrá muchos más elementos de juicio que la mayoría de los seres humanos.
P.- O sea, que no sólo deberían votar sino poder ser elegidos…
R.- Desde luego. Seguro que lo hacían mejor que Gordon Brown en el Reino Unido.
P.- ¿Cree usted que podrían ser padres?
R.- Eso es algo que no tengo tan claro. Nunca había pensado en ello. Quizá sí. Hay tantos malos padres por ahí sueltos…
P.- ¿Podrán los robots ser programados para crear robots que sean como ellos mismos?
R.- Es un tema que he estudiado durante años. Ya hay ejemplos de robots que no sólo pueden hacer eso sino además crear réplicas mejoradas de sí mismos.
P.- ¿Quiere decir que podrán ser autosuficientes y crecer fuera de control?
R.- Quizá. Yo pienso por ejemplo en una persona que tiene un robot al que le gusta su voz y su personalidad. Ese robot va a una fábrica y crea una criatura igual que tú. Ese nuevo robot será una especie de hijo para los dos. No veo ninguna razón para que esto no pase.
P.- ¿Y si ese proceso de creación se nos escapa de las manos?
R.- Se dictarán leyes para que no ocurra, pero siempre habrá terroristas y estados gamberros. Hay escenarios terribles. Escenarios que es casi mejor no imaginar.
P.- Su tesis es que un día habrá matrimonios entre robots y seres humanos. ¿Cuál es según usted el Rubicón a partir del cual empezaremos a considerarlos no como aparatos sino como semejantes?
R.- Quizá cuando creemos robots capaces de percibir nuestro estado de humor y comportarse de acuerdo con él. Cuando usted va al hospital, le ponen unos sensores que miden su presión arterial o el pulso cardiaco… Son aparatos hoy por hoy muy grandes, pero la ciencia los creará mucho más pequeños. Sensores que puedan evaluar nuestro estado de humor. Hoy ya existen aparatos que pueden evaluarlo con un 70% de acierto pero piense en el futuro. Cuando estos dispositivos sean más precisos y se puedan implantar dentro de un robot, éste podrá decir si estás enfadado o feliz. Y si estás enfadado, tratará de averiguar el motivo y de cambiar tu estado de humor. Si lo logra por ejemplo con un abrazo, aprenderá de la experiencia y hará lo mismo la próxima vez. Serán más agradables que las personas.
R.- Quizá. Yo pienso por ejemplo en una persona que tiene un robot al que le gusta su voz y su personalidad. Ese robot va a una fábrica y crea una criatura igual que tú. Ese nuevo robot será una especie de hijo para los dos. No veo ninguna razón para que esto no pase.
P.- ¿Y si ese proceso de creación se nos escapa de las manos?
R.- Se dictarán leyes para que no ocurra, pero siempre habrá terroristas y estados gamberros. Hay escenarios terribles. Escenarios que es casi mejor no imaginar.
P.- Su tesis es que un día habrá matrimonios entre robots y seres humanos. ¿Cuál es según usted el Rubicón a partir del cual empezaremos a considerarlos no como aparatos sino como semejantes?
R.- Quizá cuando creemos robots capaces de percibir nuestro estado de humor y comportarse de acuerdo con él. Cuando usted va al hospital, le ponen unos sensores que miden su presión arterial o el pulso cardiaco… Son aparatos hoy por hoy muy grandes, pero la ciencia los creará mucho más pequeños. Sensores que puedan evaluar nuestro estado de humor. Hoy ya existen aparatos que pueden evaluarlo con un 70% de acierto pero piense en el futuro. Cuando estos dispositivos sean más precisos y se puedan implantar dentro de un robot, éste podrá decir si estás enfadado o feliz. Y si estás enfadado, tratará de averiguar el motivo y de cambiar tu estado de humor. Si lo logra por ejemplo con un abrazo, aprenderá de la experiencia y hará lo mismo la próxima vez. Serán más agradables que las personas.
ASIMO: el robot más inteligente del mundo
Tras 10 años de la primera aparición de ASIMO, el robot humanoide creado en Japón, hoy la empresa Honda mostró al mundo, principalmente a los amantes de la tecnología y la robótica, la evolución de una de sus más grandes creaciones.
ASIMO ya dejó de ser ese simpático robot que se llevaba las miradas por bailar o imitar algunos movimientos humanos, controlado inalámbricamente. Hoy éste robot ya puede correr (entre 6 y 9 km/h), saltar en un pie (y mantenerse en equilibrio), y hasta trabajar con botellas y contenidos líquidos (destapar y vertir). Por esta razón se estima que el robot puede llegar a ponerse en práctica sin inconvenientes en problemas dentro de las plantas nucleares durante posibles catástrofes, en esos momentos en donde el ser humano no puede acercarse sin poner en riesgo su propia vida.
Incorporando un renovado sistema de sensores y de equilibración, ASIMO puede generar mayores movimietnos en todas sus extremidades (incluso si se cae, puede maniobrar previamente la "forma de caída" para no sufrir daños en su estructura). Las manos responden con sensores táctiles presentes en su palmas y dedos. Otro "elemento" destacado es que ASIMO ahora puede comunicar al resto lo que le incita a ser su "titiritero" o bien su propio sistema interno, a través del lenguaje de señas. Así, en total, ASIMO cuenta con "57 grados de libertad de movimientos" nunca antes visto en la robótica mundial.
Ésta evolución robótica en ASIMO lo lleva a dejar de ser considerado un "robot autónomo" para convertirse en un "robot automático", porque puede interactuar directamente aunque no se lo esté siendo manipulado remotamente por su dueño. Ésto se debe a que el robot tiene incorporada en su cabeza una cámara y un sistema de reconocimiento facial, como también un detector de voz humana. Ésto permite que por más que sea manipulado, ASIMO si encuentra la presencia humana en su entorno mientras realiza una tarea puede detener su acción si no es imprescindible e interactuar con los humanos que lo rodean. Un paso más para que pueda ser utilizado en tareas de rescates ante distintas catástrofes.
Y con éste último concepto se llega a la idea de que ASIMO puede ser útil principalmente para inconvenientes surgidos dentro de plantas nucleares, pudiendo colaborar en zonas "mortales" para resolver catátrofes de ésta índole.
Takanobu Ito, presidente de Honda, detalló que la tecnología de éste robot de metro veinte de altura es la evolución de cualquier tipo de brazo robótico creado hasta la actualdiad, lo que lo hace más preciso, práctico e incluso móvil. Por ejemplo, con su precisión para abrir-cerrar envases, perillas o válvulos, no sería nada improbable que comience a ser utilizado en distintas centrales nucleares para solucionar problemas de escapes de tóxicos o fisuras varias.
ASIMO tiene grandes posibilidades de ser empleado en la central Fukushima Dai-chi que sufrió en marzo graves daños tras terremotos y tsunamis varios en la zona donde esta instalada. La firma Tokyo Electric Power ya se esta encargando de "contratar" a este robot para colaborar en la revisión de la planta, mantener el control de las instalaciones, y así retomar la labor en la central nuclear. Igualmente se debe esperar a que los ingenieros resuelvan primero los problemas de escombros y de radiación liberada, pues ASIMO aún no se maneja bien caminando entre escombros y la radiación incluso puede interferir o quemar algunos de otros circuitos. Igualmente Ito esta seguro que la constante puesta en práctica de éste "robot del futuro" podrá generar mayores avances en cuanto a su integridad para superar cualquier obstáculo.
La sorprendente revolución de los robots humanoides
La presencia de robots cambiará el futuro de la humanidad. Expertos
dicen que muchas actividades cotidianas serán realizadas con ayuda de
robots, lo que mejorará la calidad de vida de muchas personas.
La ayuda de máquinas inteligentes, no vendrá de robots con
características físicas como las de R2-D2 o Robotina, sino
características humanas.
Para el profesor Alexander Waibel, del Instituto de Tecnología de Karlsruhe (KIT), las fastidiosas tareas de la vida cotidiana serán dejadas en manos de robots humanoides con los que también conviviremos día a día. Su departamento se centra en mejorar las habilidades de los robots, como el aprendizaje del habla y reconocimiento de idiomas.
“Lo que nosotros hacemos aquí es facilitar la interacción entre robots y humanos. Es importante que la gente pueda interactuar con este tipo de máquinas. El robot debe poder hablar con la gente, mirar de un lado para otro, debe poder agarrar algo con las manos, se le debe poder mostrar algo. Hay grupos que se dedican a desarrollar la mímica, gestos, sonrisas, etcétera. Cada desarrollo trata de un componente humano”, comenta el profesor Waibel.
Miedos vienen de la ciencia ficción
Para realizar movimientos los robots utilizan motores que les han sido colocados en todo el cuerpo y que llevan incluso en el rostro. Al activarlos pueden mover las cejas de manera que parezca que fruncen el ceño o las levantan para denotar sorpresa y felicidad. El desarrollo en la robótica impresiona tanto que despierta inquietudes en la sociedad, pero el profesor del KIT ve la situación desde otro ángulo.
“Algunas de las preocupaciones de la gente vienen de la ciencia ficción. Yo no creo que el humano construya cosas que no puedan ser finalmente aceptadas por la sociedad. Construimos y compramos cosas que nos parecen agradables y hay usos para lo que los robots serán positivos como el caso de gente que vive sola y no se puede mover o ancianos que necesiten la ayuda de enfermeros. Hay muchas actividades en las que la ayuda de los robots es deseada sin convertirse en un conflicto filosófico”, dice Waibel.
¿Cuándo se verán en Latinoamérica?
La mayoría de los científicos comenta que en un plazo de 10 a 30 años se verán muchos robots humanoides en el entorno social y laboral. El mexicano Luis Jorge de Luna, graduado de maestría del Instituto Tecnológico de Eindhoven en Holanda, menciona que no sentiría más que curiosidad y asombro si algún día se encontrara con un robot humanoide en la calle.
“Imagino robots llevando a cabo diagnósticos médicos y tomando decisiones para empresas. Definitivamente cambiarán la vida de los seres humanos, incluso al mismo nivel de la revolución industrial. Lo interesante será saber hasta qué punto serán capaces de aprender. Tal vez incluso llegue el momento en que seamos irrelevantes para trabajos intelectuales. Es una idea interesante pero a la vez incómoda”, comenta Luis Jorge.
Al respecto el profesor Waibel aclara que aunque algunas actividades consideradas de gran dificultad como hacer cálculos matemáticos, han pasado a formar parte de las tareas más importantes de las máquinas, hay algunas que no podrán hacer.
“Trabajos en los que se requiere intuición, que se refieren a asuntos importantes para la sociedad, se podrían imitar en el mejor de los casos, pero de ninguna manera se puede programar el desarrollo de un trabajo intelectual.”
Pero aún cuando no logren realizar este tipo de tareas en el futuro, Luis Jorge de Luna comenta que el desarrollo de robots con capacidad de aprender, es un paso en la dirección correcta.
El científico mexicano calcula que los robots tardarán más en llegar a Latinoamérica que a otros países. “Nuestra región no se caracteriza por invertir mucho en investigación y desarrollo. Los países desarrollados disfrutarán de estos avances mucho antes que América Latina, pero eventualmente terminará siendo normal tenerlos en todo el mundo. Probablemente veremos robots similares de 3 a 5 años después de que sean implementados en Europa o Estados Unidos.”
¿Podría desarrollar el ser humano sentimientos hacia un robot?
Una de las características más especiales del ser humano es la capacidad de sentir. Se siente cariño por la familia, la mascota e incluso hay objetos a los que se le da un valor sentimental. Falta ver qué pasará cuando se tenga la constante compañía de un objeto con características humanas, que puede hablar, actuar y demostrar sentimientos y cuya única diferencia consista en que está compuesto de cables y una computadora.
Según la biomédica Rocío Cabrera, los robots humanoides formarán poco a poco parte de nuestra vida diaria. “Con el paso del tiempo aprenderemos a integrar a los robots a nuestras vidas, así lo hemos hecho con el resto de las tecnologías. Sin embargo, debemos recordar que serán utilizados para mejorar y facilitar, no para sustituir, la interacción entre humanos”, afirma la mexicana ubicada en Francia.
Los robots pueden realizar muchas actividades autonomamente. Los robots diseñados para ayudar en el hogar, se les darán indicaciones, como cargar el lavavajillas y lo harán. Sin embargo tras cada una de estas acciones hay un algoritmo programado. Los robots no tienen voluntad propia y probablemente nunca la tendrán.
“Yo no creo que en el futuro todo sea blanco y negro sino una mezcla en la que las máquinas también formen parte de la sociedad y permitan la interacción entre humanos. Sí creo que pueda pasar que humanos desarrollen sentimientos por robots. No sé si algún día ya no se vea una diferencia entre humanos y robots o si no se quiera ver la diferencia. Esa es la pregunta y la preocupación", asegura el profesor Waibel.
Para el profesor Alexander Waibel, del Instituto de Tecnología de Karlsruhe (KIT), las fastidiosas tareas de la vida cotidiana serán dejadas en manos de robots humanoides con los que también conviviremos día a día. Su departamento se centra en mejorar las habilidades de los robots, como el aprendizaje del habla y reconocimiento de idiomas.
“Lo que nosotros hacemos aquí es facilitar la interacción entre robots y humanos. Es importante que la gente pueda interactuar con este tipo de máquinas. El robot debe poder hablar con la gente, mirar de un lado para otro, debe poder agarrar algo con las manos, se le debe poder mostrar algo. Hay grupos que se dedican a desarrollar la mímica, gestos, sonrisas, etcétera. Cada desarrollo trata de un componente humano”, comenta el profesor Waibel.
Miedos vienen de la ciencia ficción
Para realizar movimientos los robots utilizan motores que les han sido colocados en todo el cuerpo y que llevan incluso en el rostro. Al activarlos pueden mover las cejas de manera que parezca que fruncen el ceño o las levantan para denotar sorpresa y felicidad. El desarrollo en la robótica impresiona tanto que despierta inquietudes en la sociedad, pero el profesor del KIT ve la situación desde otro ángulo.
“Algunas de las preocupaciones de la gente vienen de la ciencia ficción. Yo no creo que el humano construya cosas que no puedan ser finalmente aceptadas por la sociedad. Construimos y compramos cosas que nos parecen agradables y hay usos para lo que los robots serán positivos como el caso de gente que vive sola y no se puede mover o ancianos que necesiten la ayuda de enfermeros. Hay muchas actividades en las que la ayuda de los robots es deseada sin convertirse en un conflicto filosófico”, dice Waibel.
¿Cuándo se verán en Latinoamérica?
La mayoría de los científicos comenta que en un plazo de 10 a 30 años se verán muchos robots humanoides en el entorno social y laboral. El mexicano Luis Jorge de Luna, graduado de maestría del Instituto Tecnológico de Eindhoven en Holanda, menciona que no sentiría más que curiosidad y asombro si algún día se encontrara con un robot humanoide en la calle.
“Imagino robots llevando a cabo diagnósticos médicos y tomando decisiones para empresas. Definitivamente cambiarán la vida de los seres humanos, incluso al mismo nivel de la revolución industrial. Lo interesante será saber hasta qué punto serán capaces de aprender. Tal vez incluso llegue el momento en que seamos irrelevantes para trabajos intelectuales. Es una idea interesante pero a la vez incómoda”, comenta Luis Jorge.
Al respecto el profesor Waibel aclara que aunque algunas actividades consideradas de gran dificultad como hacer cálculos matemáticos, han pasado a formar parte de las tareas más importantes de las máquinas, hay algunas que no podrán hacer.
“Trabajos en los que se requiere intuición, que se refieren a asuntos importantes para la sociedad, se podrían imitar en el mejor de los casos, pero de ninguna manera se puede programar el desarrollo de un trabajo intelectual.”
Pero aún cuando no logren realizar este tipo de tareas en el futuro, Luis Jorge de Luna comenta que el desarrollo de robots con capacidad de aprender, es un paso en la dirección correcta.
El científico mexicano calcula que los robots tardarán más en llegar a Latinoamérica que a otros países. “Nuestra región no se caracteriza por invertir mucho en investigación y desarrollo. Los países desarrollados disfrutarán de estos avances mucho antes que América Latina, pero eventualmente terminará siendo normal tenerlos en todo el mundo. Probablemente veremos robots similares de 3 a 5 años después de que sean implementados en Europa o Estados Unidos.”
¿Podría desarrollar el ser humano sentimientos hacia un robot?
Una de las características más especiales del ser humano es la capacidad de sentir. Se siente cariño por la familia, la mascota e incluso hay objetos a los que se le da un valor sentimental. Falta ver qué pasará cuando se tenga la constante compañía de un objeto con características humanas, que puede hablar, actuar y demostrar sentimientos y cuya única diferencia consista en que está compuesto de cables y una computadora.
Según la biomédica Rocío Cabrera, los robots humanoides formarán poco a poco parte de nuestra vida diaria. “Con el paso del tiempo aprenderemos a integrar a los robots a nuestras vidas, así lo hemos hecho con el resto de las tecnologías. Sin embargo, debemos recordar que serán utilizados para mejorar y facilitar, no para sustituir, la interacción entre humanos”, afirma la mexicana ubicada en Francia.
Los robots pueden realizar muchas actividades autonomamente. Los robots diseñados para ayudar en el hogar, se les darán indicaciones, como cargar el lavavajillas y lo harán. Sin embargo tras cada una de estas acciones hay un algoritmo programado. Los robots no tienen voluntad propia y probablemente nunca la tendrán.
“Yo no creo que en el futuro todo sea blanco y negro sino una mezcla en la que las máquinas también formen parte de la sociedad y permitan la interacción entre humanos. Sí creo que pueda pasar que humanos desarrollen sentimientos por robots. No sé si algún día ya no se vea una diferencia entre humanos y robots o si no se quiera ver la diferencia. Esa es la pregunta y la preocupación", asegura el profesor Waibel.
miércoles, 22 de octubre de 2014
¿Soldados Robot con cerebros ‘Humanos’?
El departamento de defensa de EE.UU. podria estar en la última fase de creación de un nuevo tipo de robots con autonomía de pensamiento.
Desde su inicio en 2009, el programa de la agencia de Investigación de
Proyectos Avanzados de Defensa (DARPA), ha recibido millones de dólares para esta investigación con la esperanza de lograr replicar el cerebro
Humano.
Erwin asegura que hoy, está a tan solo “unos
centimetros de la línea de meta” para alcanzar su objetivo.
Gimzewski y su equipo han construído una pequeña máquina que debe
permitir a los robots de atacar de forma independiente, es decir, el
pecado depender de los códigos informáticos convencionales, sino a
través de cables microscópicos que emulan los impulsos eléctricos y químicos enviados desde una célula una otra dentro del cerebro.
“En lugar de organizar la información de la memoria al procesador, este dispositivo procesa la información de una forma totalmente nueva”.
“Lo que diferencia un nuevo este dispositivo, es que tiene nano-Alambres
interconectados que llevan a cabo millas de millones de conexiones como
un cerebro humano, y es capaz de recordar la información. Cada
connection is an sinapsis sintética “, explica.
A pesar de las limitations legales, los proyectos que adelanta DARPA
sugieren que es solo una cuestión de tiempo que el ejército estadounidense adquiera un nuevo tipo de robots guerreros.
Mantis, el ‘robot araña’
Tras cuatro años de duro trabajo, un equipo de ingenieros ha logrado
crear el robot de seis patas más grande del mundo, al que han bautizado
con el nombre de Mantis.
Es el “robot hexápodo todoterreno más grande del mundo”, asegura Matt
Denton, fundador de la compañía Micromagic Systems, que construyó esta
‘araña gigante’.
Las dimensiones de Mantis son impresionantes. Tiene una altura de 2,8 metros y pesa dos toneladas.
Además, está equipado con una cabina para el conductor y cuenta con un
motor turbo diésel de 2,2 litros. Y por si eso fuera poco, los
movimientos del robot pueden dirigirse por control remoto sin necesidad
de que sea conducido por una persona.
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